Los niños salvajes o silvestres y el autismo

La reciente publicación de John Donvan y Caren Zucker “En una Clave Diferente” ha reavivado historietas de precedentes históricos del autismo en los llamados niños salvajes. Esta idea surgió del libro de Uta Frith “Autismo: Explicando el Enigma” donde se detalla el caso de Víctor de Aveyron. Víctor era un muchacho joven que se encontró viviendo por sí mismo en el bosque de Saint-Sernin-sur-Rance aproximadamente a los 12 años de edad. A pesar de que Víctor podía oír lo que otros decian el mismo carecía de las habilidades del habla y de la comunicación. Víctor tenía numerosas cicatrices en su cuerpo, prefería comer carne cruda, y retozaba desnudo en la nieve; todo lo cual sugería que había estado en la naturaleza la mayor parte de su vida. A pesar de intentos vigorosos para socializarlo el progreso de Víctor fue rudimentario.

Los niños salvajes (o silvestres) son aquellos que han vivido aislados de contacto humano desde una edad temprana. Ellos han sido una fuente popular de mitos que datan desde hace miles de años. Rómulo y Remo, los hermanos gemelos que supuestamente fundaron a Roma, fueron criados por una loba. Más recientemente, el personaje de ficción Tarzán (Vizconde de Greystoke) fue criado por los grandes simios de Madgani. En estos relatos míticos, los niños salvajes se idealizaron como hombres nobles que a menudo tenían una inteligencia y moral superior a aquellos humanos criados bajo la influencia de una civilización corruptora.

La gran mayoría de los casos reportados de niños salvajes son falsos. Aquellos casos probados ser verdaderos, contrariamente a los mitos, describen a personas que tienen problemas con el caminar erecto, prefieren comer alimentos crudos, y que tienen grandes dificultades en la adquisición del lenguaje. Es difícil de descifrar la naturaleza de sus dificultades para socializar y la adquisición del lenguaje. Sin una historia previa, algunos autores han especulado que los niños salvajes pudieran haber sido abandonados debido a impedimentos mentales y/o físicos preexistentes, o pudieran haber sufrido abuso o trauma severo. En efecto, Víctor tenía una cicatriz en su cuello indicando que su garganta había sido cortada una vez. La herida no fue mortal, pero ofrecía testimonio a un pasado desgraciado. ¿Quién sabe si las múltiples cicatrices en el cuerpo de Víctor fueron la consecuencia de abuso físico en lugar de haber vivido en la naturaleza?

Estudios recientes sugieren que los primeros años de vida constituyen un período crítico para el aprendizaje tanto del lenguaje como de las habilidades sociales. La falta de exposición durante este período sensitivo haría difícil o imposible el desarrollo de estas funciones más adelante en la vida. En el caso de Víctor las únicas palabras que él aprendió a pronunciar fueron lait (leche) y Oh Dieu (Oh Dios).

Víctor y otros niños salvajes comparten algunos síntomas característicos del autismo. Ellos a menudo no socializan, carecen de atención y exhiben movimientos repetitivos como el balanceo hacia atrás y delante de su cuerpo. Las estereotipias en niños salvajes nos recuerdan a los comportamientos repetitivos observados en animales enjaulados o confinados. Muchos de estos movimientos repetitivos se han utilizado en la investigación como modelos de ansiedad y depresión en seres humanos.

En el autismo, las estereotipias muchas veces se adquieren a temprana edad (bit.ly/21h16pT). Las mismas tienden a ser rígidas, invariables, e inadecuadas para el medio ambiente. Cuando las estereotipias proveen comportamientos de auto estimulación las mismas son difíciles de cambiar, ej., posibles manipulaciones ambientales. Este no parece ser el caso en animales enjaulados. El mecerse, nadar en círculos, la automutilación, y el morder las barras de las jaulas se pueden tratar muchas veces mediante el enriquecimiento ambiental. Una intervención similar en el autismo puede ser contraproducente.

Es difícil sacar conclusiones con respecto a probables diagnósticos médicos en niños salvajes cuando se han descrito muy pocos de ellos. Todos estos relatos carecen de informes de desarrollo que detallen aspectos médicos durante los primeros años de vida. Afortunadamente para algunos casos tenemos notas detalladas después de los mismos fueran capturados que nos permiten calificar algunas observaciones con respecto a similitudes percibidas en relación al autismo.

Los niños salvajes parecen capaces de establecer la reciprocidad social y la empatía con las personas en su entorno inmediato. Aunque etiquetados como retrasados mentales los mismos tienen que haber demostrado una gran cantidad de inteligencia práctica e incluso teoría de la mente (por ejemplo, hacia otros animales), de no ser así como ellos hubieran haber sido capaces de sobrevivir en la naturaleza? En el autismo las habilidades necesarias para entender las emociones de los demás a veces se deterioran. Muchos individuos autistas tienen dificultades para leer los gestos y el lenguaje corporal.

En el autismo, aunque algunos individuos tienen retrasos en la adquisición del lenguaje esto no es el caso para todos (Asperger). Para aquellos que no pueden usar el lenguaje hablado a veces se les puede enseñar a comunicarse con el lenguaje escrito o mecanografiado, lenguaje de signos americano, cromos o dispositivos de comunicación digital. Esta capacidad de aprender puede hacerse evidente incluso después de muchos años de ser no verbal. Este no parece ser el caso de los niños salvajes.

Aunque los niños salvajes tienen algunos signos reminiscentes de autismo el hacer afirmaciones sobre lo mismo sería una especulación. Para Víctor, en particular, encontré una entrada ofensiva en Wikipedia … “El hecho de que no podía hablar una palabra en el momento de su captura, a pesar de que había estado alrededor de seres humanos en la primera infancia, y que nunca aprendió a hablar a partir de entonces a pesar de tutela intensiva, sugiere que era mentalmente defectuoso- de nuevo, un diagnóstico de autismo que parece estar ganando terreno. Esto también pudiera explicar por qué fue abusado, tal vez tratado como un animal, en sus primeros años.” No es sorprendente que la cita dada como referencia para esta afirmación proviene de Bruno Bettelheim (Feral Children and Autistic Children, The American Journal of Sociology, 64(5):455-467, 1959).

En futuros blogs voy a discutir el abandono infantil y el autismo de institucionalización.

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