El Medio Ambiente y el Autismo

Durante mi asistencia al IMFAR 2016 tuve la oportunidad de escuchar la conferencia plenaria sobre medio ambiente y autismo impartida por Irva Hertz Picciotto. En la opinión de muchos Irva es la epidemióloga ambiental mas notable en nuestro país. Actualmente trabaja en la Universidad de California Davis en el Departamento de Salud Pública, donde se afilió al Instituto de la Mente en el año 2000, y es la directora de un estudio financiado por el NIH llamada CHARGE. Este último es el primer estudio a gran escala de factores de riesgo ambientales en el autismo.
La conferencia de Irva comenzó mencionando antecedentes históricos de los contaminantes ambientales, principalmente metales, causando trastornos neuropsiquiátricos. Estos agentes químicos son tóxicos tanto para animales como para humanos y se consideran actualmente neurotoxinas que se acumulan en -entre otros tejidos- el cerebro causando daño al mismo. Entre los tóxicos más destacados está el plomo, un elemento químico que provoca convulsiones y síntomas abdominales. Los niveles de plomo en los dientes de los niños se asocian con una disminución de la capacidad intelectual, problemas de procesamiento auditivo y un aumento en los problemas de comportamiento. El plomo fue considerado el culpable de una “epidemia silenciosa” que afectó a miles de niños hasta que se promulgaron leyes para limitar su utilización en pinturas. (Nota: el plomo era un aditivo usado en las pinturas con el propósito de acelerar el secado y aumentar su durabilidad, es decir, el aspecto fresco de la pintura). De manera similar, otro elemento químico, el mercurio, provoca discapacidades físicas y mentales. Curiosamente ambos niveles, altos y bajos de mercurio, se consideran dañinos y juegan un papel en los defectos congénitos. Lo que hemos aprendido acerca de esta historia temprana de la epidemiología ambiental es que existe una vulnerabilidad particular para los niños a los efectos de estas toxinas, especialmente cuando se exponen durante el embarazo, cuando el cerebro todavía está en desarrollo.
En términos de autismo, Irva pasó a disipar muchos mitos con respecto a la etiología del autismo. Estos mitos incluyen: 1) No hay una causa única responsable de todos los casos de autismo, 2) Es todo genética, 3) Es todo medio ambiente (por ejemplo, nutricional, la ubicación del barrio), y 4) Es culpa de los padres. De hecho, Irva argumentó que la evidencia reciente apoya una génesis multifactorial para el autismo.
Una parte importante de la conferencia de Irva abordó si se ha producido un aumento real en las tasas de prevalencia del autismo. Sus propios estudios mostraron un aumento del 600% en la prevalencia de autismo en el ultimo par de décadas. La minuciosa investigación de Irva mostró que los cambios en los criterios del DSM representaron el 120% del aumento, la tendencia hacia un diagnóstico más temprano representó el 44%, la ampliación de los criterios para incluir los casos más leves representaron el 56%, y la mayor edad de las madres representaba el 4%. En general, incluso al considerar la sustitución de diagnóstico (por ejemplo, los casos de discapacidad intelectual que son diagnosticadas como autismo), las razones para explicar el aumento de la prevalencia representaron sólo una parte del incremento, muy lejos del 600% reportado. Los resultados disponibles dejan mucho que explicar.
En cuanto a las mayores tasas de prevalencia Irva explicó la idea errónea de que, debido a que las tasas estaban aumentando, las causas también deberían -a su vez- estar aumentando. En efecto, si consideramos la posibilidad de la causalidad múltiple, algunos factores de riesgo pudieran estar aumentando, mientras que otros pudieran estar disminuyendo. Con el fin de responder a algunas de estas preguntas, Irva comenzó el estudio CHARGE en el Instituto MIND. Este estudio cuenta con 3 ramas principales: niños con autismo, niños con discapacidad intelectual, y un grupo control. Estos niños han recibido exámenes físicos, de laboratorio y evaluación del historial medico. El estudio se centra en las exposiciones ambientales: 1) pesticidas, 2) de metales, 3) contaminantes orgánicos, 4) virus y bacterias, 5) procedimientos médicos, y 6) factores nutricionales. Los resultados del estudio CHARGE y una revisión de la literatura ha hecho a Irva sugerir una serie de factores de riesgo para el autismo. Estos factores de riesgo incluyen (nota: la fuerza de la asociación está marcada por el número de +): un aumento en tanto la edad materna y paterna ++++, diabetes en la madre +++, intervalo corto entre embarazos ++, pesticidas ++, y la temporada de la concepción al nacimiento ++. Otros factores de riesgo descritos en la literatura, como el fumar, han ofrecido resultados contradictorios y requieren ser estudiados en más profundidad.
Nota: La conferencia no abordó en el reciente informe de la CCD reclamando una estabilización de las tasas de prevalencia. Además, la población objeto de Irva ha venido de California. Sería interesante ver si los resultados pudieran generalizarse a otros estados y países.

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