La aparente “ausencia” de Trastornos del neurodesarrollo en niños de población Tarahumara: condiciones sin construcciones y modelos de inclusion: Parte II

El siguiente blog ha sido escrito por Victor Humberto Guerrero. Victor se inicio en el mundo de la discapacidad en el año 1989 a poco de terminar la escuela secundaria como voluntario en el Instituto Hellen Keller (Ciudad Universitaria en Córdoba), en un programa de atención al niño multi-impedido llevado a cabo por la Fundación Hilton Perkins.  Luego ya inscripto en la UNC persiguio una carrera en Kinesiología y Fisioterapia tomado experiencia en el trato de personas con sequelas neurologicas, actividades en el medio acuatico, y trabajos en el campo privado.   De manera independiente inauguro AUTISMOCBA en la ciudad de Rio Ceballos, para avocarme exclusivamente a la atención de personas con TEA como Director Terapéutico y continuar desarrollando investigación y capacitación en TEA de manera interdisciplinaria.  En el 2014 se desempeño como Catedrático en la Universidad IPETH (Instituto Profesional den Terapias y Humanidades) CDMX, desarrollando tareas docentes y de Investigación,en las asignaturas de : Neurología pediátrica, neuro desarrollo, psicología de la discapacidad, Crecimiento y desarrollo. En el 2016, se desligo del compromiso universitario para comenzar por su cuenta a desarrollar un modelo de comprensión e intervención psicoeducativa formando parte de la Asociación de Autismo Desarrollo y Arte, en la ciudad de México. Llevando a cabo un diplomado de educación continua online y presencial; sobre el abordaje e intervención en Autismo siendo sus áreas de capacitación asignadas las del desarrollo, diagnóstico y comunicación, del niño con Autismo.  En el 2017 publico su segundo libro: los ABC del autismo.

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Durante los últimos cinco siglos los pueblos indígenas de México han tejido una cultura propia, ajena casi por completo a la de la población mestiza. Bajo sus sistemas culturales tradicionales, se identifican del resto de la población mexicana por sus formas particulares de vivir, vestir, organizarse y comunicarse bajo lenguas propias que les han permitido apropiarse de elementos y recursos culturales, de forma tan compleja como cualquier otra expresión cultural de las denominadas occidentales desarrolladas. El término complejo alude a lo que está “doblado, plegado sobre sí” y desarrollo alude al término desenrollar, de modo que en un juego de palabras y no tanto, solo se desarrolla lo complejo, se desenrolla lo plegado.

La Sierra Tarahumara es la región que da cobijo a las culturas óóba, ralámuli, guarijó y óódami, más conocida como pimas, tarahumares, guarijíos y tepehuanes. (Gotés Martínez, 2010 :37). El presente trabajo se centrará en el grupo étnico ralámuli, el cual organiza sus asentamientos territoriales en “rancherías”3, las cuales están conformadas por “pequeñas unidades familiares (ranchos) agricultoras que se entrelazan entre sí por la vía del parentesco extenso y de un conjunto de relaciones sociales de intercambio y de reciprocidad”. (Olivos Santoyo, 2010:79)

Evitando por completo vivir en comunidad, el grupo ralámuli se encuentra diseminado por las montañas de la Sierra Tarahumara en cuevas y ranchos organizados en unidades domésticas4; es en el núcleo familiar donde se realiza “la reproducción tanto material como social del grupo, la transmisión del conocimiento y la formación del individuo como parte de su grupo identitario”. (Olivos Santoyo, 2010:81). Este primer espacio de desarrollo, el entorno familiar, es el responsable de proporcionar a cada nuevo individuo los medios necesarios para que adquiera los conocimientos que servirán de base para su próximo desarrollo individual e independiente. De modo singular esta opción del grupo ralámuli, que evita vivir en comunidad, es taxonómicamente descripto por la biomedicina, como aislamiento, y éste, precursor de “conductas” que pueden considerarse no adecuadas dentro los procesos de neurodesarrollo de una persona.

Desde que nacen los niños ralámuli son incorporados en las dinámicas de producción doméstica cotidianas, sus madres los llevan consigo desde recién nacidos a las labores de pastoreo. Desde ese momento y hasta los 6 o 7 años, edad a partir de la cual realizará todas estas actividades solo, la niñez del niño ralámuli se constituye conociendo ampliamente su medio, la Sierra, “parajes, arroyos, cuevas, sitios arqueológicos, senderos, tipos de suelo, rocas, plantas y animales “. (2010: 68). Luis Eduardo Gotés considera que “cuidar cabras constituye el espacio social más importante en la producción de los sujetos ralámuli, en tanto personalidades discretas y retraídas; adscritas éstas a un individualismo autonómico”. (Gotés, 2010:68) Aunado a las actividades de pastoreo los niños aprenden sobretodo de cabras y borregos sobre el comportamiento reproductivo y de otros fenómenos anatómicos y fisiológicos, pero sobretodo a lidiar y resolver situaciones imprevistas suscitadas por el clima, depredadores que asechan el rebaño a su cuidado, escasez de recursos, etc.

Por su parte a las niñas ralámuli “alrededor de los tres años sus madres les prestan la masa para que sus manitas se vayan agilizando y se acostumbren a una actividad que harán durante toda la vida, y todos los días (hacer tortillas). Ayudarán a su madre y si es el caso a sus hermanas mayores, imitando los movimientos correspondientes a esta importante labor”. (Pintado Ana Paula, 2010:307)

Independientemente del sexo, entre los ralámuli el desarrollo infantil se plantea según la adquisición de habilidades desarrolladas por los mismos, labores como: cosecha, pastoreo, identificación y recolección de frutos, vegetales, hiervas medicinales, fibras, leña, así como conseguir agua y en el caso específico de las mujeres hacer tortillas. Como consecuencia de la preparación sobretodo física para llevar a cabo estas actividades los niños ralámuli desarrollan “un cuerpo ágil, versátil y resistente, que explica además la capacidad corredora que manifiestan en las carreras de bola y aliwéta”. (Gotés, 2010)

Cabe analizar, si estos espacios de desarrollo de niños y niñas ralámuli, son menos complejos que los de los niños de nuestra sociedad; tengo la firme sospecha de que no es así y solo son diferentes en su forma. El contacto con lo concreto, estructura las bases de un pensamiento abstracto posterior, no solo el contacto con el entorno sino ser parte de él, mimetizado con las cabras, la masa de tortillas, el niño encuentra un espacio de desarrollo libre de exigencias inadecuadas para sociedades que promueven y miden el neurodesarrollo, más por las habilidades cognitivas y de aprendizaje abstracto que por el conocimiento y adaptación al entorno. Con las consecuentes “patologizaciones” de la condición infantil, que hemos cuidadosamente etiquetado y clasificado.

Por otra parte, los infantes de este grupo étnico “interiorizan los roles de la vida social cuando asisten a rituales en otras casas, cuando bajan a las fiestas de la iglesia o cuando acompañan a sus padres a una faena colectiva y/o a tomar cerveza de maíz. (Olivos Santoyo, 2010:81).5

Se considera que en el rango de edad que oscila de los 10 a los 14 años, se entra en edad adulta, a esta edad los roles y actividades asignadas por género son las ya especializadas y perfeccionadas a lo largo de la anterior etapa, “cuando el varón realice las labores en el ámbito público y tome sowíki (cerveza de maíz), y la mujer sepa echar tortillas, preparar sowíki y demás faenas en lo privado, socialmente están preparados para vivir juntos”. (Vázquez Laura, 2010: 296)

Parte de la filosofía de la cultura ralámuli se basa en el criterio de individualidad y autonomía; todos saben hacer todo: varones y mujeres, nadie es indispensable. Pero ¿Qué pasa cuando los niños nacen con alguno de los denominados trastornos del neurodesarrollo en la Sierra Tarahumara?, ¿Qué lugar les es otorgado por esta cultura?. Al inicio del presente trabajo se expuso de manera somera la forma en la que los significados expresados por una lengua manifiestan sistemas de pensamiento, “en la lengua ralámuli no existe una palabra para designar a la “discapacidad”, porque no existe esta connotación del hombre dentro de su esquema de valores, su concepción del humano como ser completo es diferente a la de nuestro esquema occidental”. (Gotés, 2017, en entrevista personal) Cabe señalar que no solo se trata de la falta de una palabra que defina “discapacidad”, “lo que no se nombra, no existe” (George Steiner), se trata de concebir al otro como un sujeto completo. Una particular representación del otro. Un aspecto ponderante de este trabajo será tener en cuenta los aspectos convencionales en la atribución de diferentes significados, no solo en el área del lenguaje donde se evidencia de un modo empírico tal convención, sino en los aspectos simbólicos y representacionales de los hechos y acciones cotidianas en una comunidad que operan como facilitadores del desarrollo de sus miembros.

Resulta una especulación teórica susceptible de ser comprobada en campo, el hecho fáctico de que antropólogos a través de sus testimonios y vivencias NO detecten en esta comunidad trastornos del neurodesarrollo6, lo que lleva a vislumbrar la real utilidad práctica de esta investigación sobretodo en dos cuestionamientos no resueltos: por una parte ¿porqué no se han detectado trastornos del neurodesarrollo en esta comunidad? y/o por otra ¿de qué manera el modelo social y cultural ralámuli opera para que dichos trastornos susceptibles de una condición cualquiera bajo la mirada occidental, aquí cursen de modo asintomático ?

Otrora, M. Foucault en las palabras y las cosas (1966) expone el exótico encanto de otro sistema de pensamiento que hace añicos todo su marco de referencia, marco común del pensamiento occidental, que determina la proyección de las acciones individuales y que define como vemos y experimentamos la realidad en la naturaleza de un sistema.

Ubicar los trastornos del neurodesarrollo fuera del mundo donde se les asignó, identificó y caracterizó a un contexto cultural donde son imperceptibles, escasos o nulos, nos permitirá como sociedad occidental diseñar y adaptar, los modelos sociales de inclusión que estas comunidades tienen. El grupo étnico ralámuli ha tenido la capacidad de “crear” espacios de desarrollo para todos sus integrantes independientemente de su condición, tal es así que hoy en día las personas se encuentran totalmente incluidas en el entramado social de su comunidad no percibiéndose de otra manera.

Como expresa Foucault, pensar cuál es la medida de lo normal; nos lleva a pensar cuál es la medida del normal desarrollo; un hipotético modelo de inclusión a partir de los modos y espacios de desarrollo de los ralámuli sería imposible de replicar en nuestra cultura, pero debería animarnos a pensar que un modo de inclusión es posible a partir de crear un nuevo paradigma del “otro”, viéndolo y sintiéndolo como un “otro” completo.

Notas al Calce

3 “Rancherías” es el nombre asignado por los españoles a los grandes territorios en los que asentaban los grupos étnicos de Chihuahua.

4 Se entiende por unidad doméstica al grupo de personas que residen juntas y que comparten actividades pertenecientes a la vida doméstica.

5 Posteriormente cuando se considera que han crecido y madurado, se les permite beber cerveza de maíz; este acontecimiento se realiza en fiestas donde se reúnen con miembros de otros ranchos cercanos. Es consenso entre los mismos que la fiesta es un espacio en donde “los y las jóvenes púberes que buscan pareja puedan, conforme avanza la embriaguez, lanzarse pequeños guijarros como señal de irse al monte “a las piedritas”, para pasar una o dos noches juntos y regresar formando, en algunos casos, las bases de una nueva familia. Es frecuente que con antelación estos jóvenes ya se hayan conocido, tanto por vecindad como por coincidir en un paraje al apacentar el ganado”. (Gotés, 2010:73)

6 Testimonio de Luis Eduardo Gotés Profesor investigados de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en plática personal, Ciudad de México, noviembre de 201

BIBLIOGRAFÍA

Berger, Peter y Lukcmann, Thomas

2001 “La construcción social de la realidad”. Amorrortu editores. Buenos Aires Argentina.

Consejo Nacional para el Desarrollo e inclusión de las personas con discapacidad (CONADIS) 2017, “Día Mundial sobre la conscienciaciónd del autismo”, recuperado de: https://www.gob.mx/conadis/articulos/dia-mundial-de-concienciacion-sobre-el-autismo?idiom=es

Cosgrove L , Krimsky S, Vijayaraghavan M, Schneider L. 2006 “Financial ties between DSM-IV panel members and the pharmaceutical industry”, en https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16636630,

Cusminski Marcos y otros. 1994 “Manual de Crecimiento y Desarrollo del Niño”, Organización Panamericana de la Salud, 2da. Edición.

Delval Juan 1994 “El estudio del desarrollo humano”, en El desarrollo humano, Siglo Veintiuno Editores, México.

Fernández T J. Luis 2011 “Algunos aspectos de la historiografía de a antropología física en el siglo XIX europeo”, en La complejidad de la antropología física. Coord. Barragán Anabella y González Q. Lauro. Ed. ENAH-CNCA-INAH. México.

Gotés Martínez y otros  2010 “Los Pueblos indígenas de Chihuahua: Átlas etnográfico”. INAH. México.

Harris, Marvin 1984 “Introducción a la antropología general”, Madrid, Alianza Editorial

Leroi – Gourhan 1971 “El gesto y la palabra”, Universidad Central de Venezuela.

Howells William 1972 “El nacimiento del hombre 20 millones de años de evolución”, en El Correo la UNESCO: Una ventana abierta al mundo (año XXV), Francia, agosto-septiembre 1972.

 

One response to “La aparente “ausencia” de Trastornos del neurodesarrollo en niños de población Tarahumara: condiciones sin construcciones y modelos de inclusion: Parte II

  1. Un saludo desde El Salvador, mi nombre es Rodrigo Colorado y soy Antropólogo, es interesante el trabajo etnográfico que está realizando Humberto Guerrero, ya que nos está exponiendo los entornos socioculturales y educativos en donde personas con Autismo u otras Necesidades Educativas Especiales se desarrollan, el discurso biomédico del Autismo es hasta cierto punto un discurso que particulariza los estilos de vida de este sector de la población, sin embargo, nos encontrarnos con otra realidad como es la del Indio en América Latina. Esta realidad no camina bajo la arista civilizada de las Sociedades Modernas, sino que transita en entornos sociales más colectivos, en donde la vida no es acelerada, en donde la educación no forma obreros para las fabricas, si no trabajadores de la tierra. En este sentido, el trabajo de Humberto ayuda a los cientistas sociales y a los cientistas de la salud, para que tengan una noción del ritmo de vida del indio y la visión biomédica del Autismo y demás trastornos, ya que llegar al campo es decisivo, el investigador se encuentra cara a cara con el sujeto de investigación, que no es el sujeto tradicional que es visto como objeto, por el contrario, este sujeto “histórico” tiene raciocinio, por esta razón es un buen trabajo pionero, por qué da prioridad a la resiliencia del ser humano y es un trabajo etnográfico al estilo de Foucault, ya que este personaje de las academias se dedicó a investigar el tema de la Locura desde la Edad Media hasta la modernidad y no cabe la duda que muchas personas con Autismo, fueron vistas en la Edad Media como endemoniados, a tal grado que en muchos países latinoamericanos la modernidad llegó tarde y esto seguramente llevó a personas con autismo al psiquiátrico y fueron vistos como locos, la pregunta que se harán muchos será: ¿qué tiene que ver esta noción histórica?, pues tiene que ver mucho de como nuestras sociedades modernas han tratado el Autismo y otros trastornos y como es la visión del Indio sobre la vida es muy diferente a la nuestra, ya que son más tolerantes, más respetuosos e inclusivos, lo que muchas veces pedimos los ciudadanos a nuestras sociedades democráticas occidentales, sin más que agregar Dr. Casanova que buena labor la suya al promover el trabajo de Humberto Guerrero ya que nos ayudará a comprender más la complejidad de nuestras sociedades con respecto al tema TEA y demás Necesidades Educativas Especiales.

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