El miedo, la emoción y la socialización: el papel de la amígdala en los síntomas del autismo

En mis días como estudiante universitario tuve la oportunidad de aprender sobre el comportamiento de animales cuando tomé cursos de electiva en un laboratorio de neurociencias. Aunque me considero un amante de los animales, algunos de los animales enjaulados me aterraron profundamente. Los babuinos, tan encantadores y tranquilos cuando bebés, te amputarán los dedos si alguna vez tocas sus jaulas. Mi miedo no cambió mucho si en lugar de estar enjaulados los animales rondaban libremente. Cerca de Puerto Rico hay una pequeña isla habitada principalmente por monos. Investigadores de todo el mundo van allí para estudiar su comportamiento. Recuerdo que los monos se reunían en grandes grupos para tirarnos piedras cada vez que nos acercamos en bote para llevarles la comida. Nuevamente, sentía miedo de que algún día mi suerte se agotaria y que varios cientos de ellos me atacarian, lo cual me lleva al tema de miedo y comportamiento.

Entre los muchos investigadores que fueron a estudiar a los monos en esa remota isla había un hombre llamado Arthur Kling. Nunca lo conocí personalmente, él estuvo allí mucho antes de mis años estudiantiles. Sin embargo, Kling realizó algunos de los trabajos más importantes que se hayan registrado con respecto a cómo las lesiones en un área del cerebro llamada la amígdala afectan el comportamiento. Kling descubrió que las lesiones de esta estructura afectaban la sociabilidad y las emociones. Con respecto a esto último, algunos monos lesionados no solo aparentemente carecían de miedo, sino que también mostraban una incapacidad para leer las emociones de otros animales. Por lo tanto, un animal de bajo rango estaba ajeno a los gestos amenazantes de un mono alfa y terminaría siendo golpeado brutalmente. Dado el abuso constante, estos monos huirían de la colonia e incluso se suicidarían. Además, muchos de los síntomas dependerían de la edad a la que se lesionó al mono, el género del animal y si ocurrió en un entorno enjaulado o libre. Muchas de estas observaciones sirvieron para sostener la opinión de que esta estructura cerebral estaba sustancialmente afectada en condiciones psiquiátricas como la esquizofrenia y el autismo.

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Es por lo tanto importante el notar que algunos estudios microscópicos realizados por Bauman y Kemper sugirieron que las neuronas en la amígdala estaban reducidas en tamaño pero aumentadas en densidad en individuos autistas. Otros investigadores (Schumann y Amaral), al utilizar un fraccionador óptico, el software Stereoinvestigator y una descripción detallada de las pautas anatómicas para definir subdivisiones de la amígdala humana, no pudieron corroborar la presencia de un tamaño neuronal disminuido o una mayor densidad de empaquetamiento celular en sus series de individuos autistas. Una diferencia entre el estudio de Schuman y Amaral y el de Bauman y Kemper fue la exclusión en el primero de personas con convulsiones.

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Hace casi medio siglo, Penfield y Perot registraron las experiencias de pacientes con epilepsia durante la estimulación eléctrica de ciertas partes de sus cerebros. Las imágenes así obtenidas fueron tan vívidas que los investigadores las consideraron rastros de memorias sobre experiencias pasadas. Al ser estimulados, los pacientes reportaban escuchar o mirar las acciones y el habla de otras personas. Es intrigante que, de todas las respuestas posibles, algunas raras veces fueron obtenidas. Estas incluían experiencias en las cuales el paciente mismo estaba involucrado en hablar, pensar o realizar algún comportamiento. En la actualidad, algunos investigadores consideran que el fenómeno descrito por Penfield y Perot no reflejaba el recuerdo de experiencias pasadas, sino que representaba experiencias vívidas que dependían de la personalidad preexistente, el estado cognitivo y las expectativas de los pacientes.

Los resultados de los estudios de comportamiento en monos después de una amigdalectomía han variado según la edad, el sexo y el entorno de las pruebas postoperatorias. Los monos machos adultos y juveniles operados quirúrgicamente exhibieron una caída a través de la jerarquía social y una disminución en su comportamiento agresivo. Ocasionalmente, algunos de los monos lesionados fueron sometidos a un mayor número de ataques por miembros normales de la colonia. Contrariamente a estas observaciones, las monas adultas amigdalectomizadas ocasionalmente aumentaron su comportamiento agresivo y subieron en rango social. El comportamiento materno nunca se vio en mujeres lesionadas; más bien, abusaron y / o descuidaron a sus bebés. Los juveniles operados presentaron una conducta diferente que consistía en una mayor actividad oral y sexual, mientras que los bebés con lesiones similares mostraron una interacción normal con sus madres. Puede valer la pena agregar que los bebés lesionados más tarde (a los 2-3 años de edad, o aproximadamente al inicio de la pubertad) exhibieron un comportamiento aberrante. La ausencia de sintomatología temprana en estos bebés con lesiones cerebrales se atribuyó a la inmadurez del sistema nervioso central y al fuerte vínculo madre-bebé que se puede establecer a pesar de la falta de refuerzo por parte de los niños. Después de su liberación a su entorno natural, los animales adultos amigdalectomizados no lograron resocializarse y nunca volvieron a ingresar a su tropa. Aunque domesticados en una situación de jaula, cuando estaban libres, no permitían que los experimentadores los recuperaran. Según Kling, las anormalidades en la interaccion social en estos animales operados parece estar relacionada con  daño a la corteza entorrinal, mientras que las anormalidades en el comportamiento sexual (parte del síndrome de Klüver-Bucy) eran el resultado de lesiones en los núcleos laterales de la amígdala. La ablación parcial de la amígdala con la preservación de la corteza uncal disminuyó el comportamiento agresivo al tiempo que permitió la resocialización, aunque en un rango social más bajo. Por lo tanto, no es sorprendente que los procesos orgánicos como las encefalitis, los accidentes cerebrovasculares, los tumores y las lesiones en la cabeza que conducen al daño de estas estructuras puedan presentarse con síntomas esquizofreniformes. El análisis topográfico de estas anomalías indica que la incidencia de psicosis es más alta para aquellas lesiones de supuesto origen del desarrollo que se encuentran hacia los aspectos mediales de los lóbulos temporales (es decir, la corteza entorrinal).

Referencia

Casanova MF. Autism Updated: Symptoms, Treatments and Controversies. Amazon Publishing, 2019.

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