El dolor y el autismo

Muchas personas en el espectro autista tienen anormalidades sensoriales que pueden tanto adormecerlas como sensibilizarlas. En un estudio poblacional de 208 niños autistas de 20-54 meses de edad referidos a un centro de habilitación para intervención temprana, los padres informaron una gran prevalencia de dolor y anormalidades auditivas: el 44% exhibia una reactividad excesiva al sonido mientras que el 40% exhibia una reactividad baja al dolor. Los diagnosticados como típicamente autistas (autismo nuclear sin discapacidad de aprendizaje) tuvieron el mayor número de modalidades afectadas. Los niños clasificados como pertenecientes a un subgrupo de “características autistas” tuvieron el menor número de modalidades afectadas (Klintwall et al., 2011). Estas anormalidades sensoriales se manifiestan temprano en la infancia, ofreciendo así algunos de los primeros signos de riesgo de autismo y un posible objetivo para la intervención.

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Las anormalidades sensoriales en el autismo pueden pasar desapercibidas debido a dificultades de comunicación y/o falta de comprensión de lo que está sucediendo en su cuerpo (déficit interoceptivo). Puede ser difícil para algunos niños autistas imaginar que su sufrimiento es diferente de lo que experimentan los demás. ¿Tienen que aceptar el dolor en la creencia de que todos los demás lo hacen?

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De hecho, describir los diferentes dominios de la percepción del dolor implica un proceso de pensamiento complejo que requiere la capacidad de atribuirse estados mentales a uno mismo y a los demás. Aunque la teoría de la mente se ve afectada en algunos individuos autistas, el dolor crónico en sí mismo puede afectar la mentalización y la conciencia emocional (Zunhammer et al., 2015).

¿Cómo se puede describir un dolor, por ejemplo, es el mismo pulsante, ardiente, agudo? ¿Dónde se encuentra y se irradia? ¿Es agudo o crónico y qué tan grave? ¿Interfiere con participar en eventos sociales o limita lo que se puede hacer? ¿Crea preocupaciones? El dolor que no se puede controlar te hace sentir miserable independientemente de si puedes expresar o no tus sentimientos a otras personas. En general, el dolor es una experiencia personal única dada a las interpretaciones subjetivas y, en muchas ocasiones, difícil de describir.

Las personas con autismo tienen comorbilidades que pueden aumentar la gravedad del dolor. La falta de sueño reparador puede acentuar el dolor independientemente de su origen. La interrupción del sueño te debilita físicamente y, al mismo tiempo, te agota emocionalmente. Te deja con poca energía para combatir cualquier señal de dolor que pueda ser percibida. Sin un sueño adecuado, el sistema inmunitario se vuelve hiperactivo de tal manera que promueve la inflamación. Según un estudio aleatorizado y controlado, “la cantidad insuficiente de sueño puede facilitar y/o exacerbar el dolor a través de elevaciones de IL-6. En el autismo, donde los trastornos del sueño son comunes, una cantidad insuficiente de sueño en sí mismo puede establecer y mantener su coexistencia con dolor y aumento de la inflamación” (Haack et al., Sleep 30 (9): 1145-1152, 2007).

Los trastornos de ansiedad, comunes en el autismo, intensifican la severidad del dolor y lo hacen más duradero. Además, el dolor, en sí mismo, es un síntoma común de un trastorno de ansiedad, particularmente el de tipo generalizado. Un estudio reciente publicado en marzo de 2018 en el European Journal of Neuroscience se mostró que la anticipación del dolor en individuos autistas se correlacionaba indirectamente con las puntuaciones en un cuestionario de cociente de empatía, lo que vincula la ansiedad (anticipación del dolor) con el deterioro social (Gu et al., 2018). El dolor que un neurotípico se percibe como normal puede ser abrumador para los autistas. En algunos casos, una forma de protegerse del dolor es retirarse de las interacciones sociales.

Los niños con autismo experimentan más dolores de estómago que otros niños de la misma edad. Son más propensos a desarrollar diarrea, estreñimiento y dolor abdominal. La fuerte preferencia por ciertos alimentos, que causan cambios en la dieta, puede provocar o exacerbar estos síntomas. Una preocupación importante es la mayor asociación entre el autismo y el síndrome del intestino irritable. Este es un trastorno inflamatorio del intestino grueso caracterizado por calambres y dolor abdominal. El síndrome del intestino irritable implica un dolor crónico real que reduce la calidad de vida. Los pacientes con síndrome del intestino irritable a menudo se deprimen y evitan salir, lo que limita su participación en actividades sociales.

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Una unidad interdisciplinaria sobre el dolor ofrece las mejores oportunidades de tratamiento para tratar el dolor crónico. Ofrecen una terapia adecuada con múltiples propósitos al individuo autista, involucrando estrategias cognitivo-conductuales como entrenamiento de relajación, técnicas de biofeedback y manejo del estrés, y reacondicionamiento físico. Es importante identificar y tratar las comorbilidades coexistentes (por ejemplo, problemas para dormir, ansiedad). A menudo se necesitarán medicamentos, pero en el caso del dolor crónico se evitan los opioides. Estos medicamentos pueden causar adicción, deprimir la respiración y, en el caso del síndrome del intestino irritable, exacerbar cualquier estreñimiento concomitante. Si se necesitan opioides, una clínica multidisciplinaria especial puede estar en la mejor posición para recomendar medicamentos.

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Referencias

Casanova MF. Autism Updated: Symptoms, Treatments and Controversies. Amazon Publishing, 2019.

Gu X, Zhou TJ, ANagnostou E, et al. Heightened brain response to pain anticipation in high-functioning adults with autism spectrum disorder. Eur J Neurosci 47(6)::592-601, 2018.

Haack M, Sanchez E, Mulllington JM. Elevated inflammatory markers in response to prolonged sleep restriction are associated with increased pain experience in healthy volunteers. Sleep 30(9):1145-1152, 2007.

Klintwall L, Holm A, Eriksson M, et al. Sensory abnormalities in autism: a brief report. Research in Developmental Disabilities 32:795-800, 2011.

Zunhammer M, Halski A, Eichhammer P, Busch V. Theory of mind and emotional awareness in chronic somatoform pain patients. PLOSone https://doi.org/10.1371/journal.pone.0140016

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